Bajo el sonido de los tambores

Foto: Erik Trautmann / Hearst Connecticut Media

Para los haitianos, el movimiento contenido en la música y la danza resulta imprescindible. Lo que podría llamarse la fundación de la república haitiana tuvo lugar en un contexto de baile bajo el sonido de los tambores. Mujeres y hombres que buscaban la libertad del pueblo haitiano se reunieron para celebrar una ceremonia que daría pie a la revolución haitiana de 1804.

La música  y la danza se encuentran interiorizadas históricamente en el actuar de los haitianos: parte de sus vidas y sus acciones se configuran en torno a estas manifestaciones artísticas corporales, además de que forman parte de sus orígenes y pueden ser utilizadas como una forma de expresión de los pensamientos.

En diversas culturas la danza ha tenido un papel predominante; se encuentra relacionada con fenómenos meteóricos y rituales religiosos. El pueblo haitiano, como la mayoría de los pueblos caribeños, se caracteriza por tener un acercamiento profundo con los fenómenos naturales y con la religiosidad; por este motivo es común encontrar en distintas manifestaciones artísticas alusiones a la danza y a rituales religiosos que mezclan otros sistemas de creencias.

En Haití algunas manifestaciones artísticas se encuentran influidas por la música y la danza, como la pintura y la literatura. Es posible encontrar numerosas obras literarias (poesía, narrativa) basadas en la musicalidad del lenguaje (repeticiones, rimas, onomatopeyas), que describen escenas en contextos sonoros o que insertan fragmentos de canciones de diferentes géneros con el fin de manifestar la trascendencia del sonido en la cosmovisión haitiana.

Existe una gran diversidad de ritmos y géneros musicales que acompañan la vida de la población haitiana: la música vudú, el méringue, el compas, el cadence, el congo, el rasin, entre otros. Los tambores son quizá uno de los instrumentos más usados en la música haitiana, pero es posible escuchar otros instrumentos como guitarras, acordeones o saxofones que evidencian la mezcla de diversos ritmos franceses, españoles, africanos y de América Latina.

Dichas expresiones artísticas se caracterizan por ser actos colectivos que no requieren de espacios específicos para llevarse a cabo. La música y la danza se hacen presentes ahí donde se celebra la vida, se acompaña la muerte, se hace del dolor algo más llevadero, se despide, se protesta, se intenta establecer una relación entre lo físico y lo espiritual. De la misma manera que sucede con el créole, la música y la danza crean vínculos que han logrado perpetuarse entre la población haitiana.

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