LA PARANOIA COLECTIVISTA

Durante la última década las redes sociales han funcionado de manera asombrosa como una herramienta imprescindible para acercar a las personas y fomentar el debate. Es innegable su utilidad diaria como un motor que permite ejercer la libertad de expresión, entendida como la facultad individual para expresar ideas, creencias o convicciones libres de toda coacción.

Al hablar de libertad de expresión es preciso mencionar la relación inherente que esta guarda con la libertad ideológica o de conciencia, por la independencia necesaria para tener unas u otras ideas, creencias o convicciones y para adquirirlas libremente, esto significa que solo a través del acceso a la circulación y discusión de ideas se puede hacer efectiva la libertad de expresión; y, por tanto, su faceta material y lógica que consiste en la libertad de información, para que la libre difusión de los hechos noticiosos, por la importancia que revisten a nivel público, permita que estos puedan ser debatidos.

A simple vista no encontramos ningún problema con lo afirmado hasta ahora, aunque la realidad actual muestra que existen graves problemas en la práctica. Hoy en día las redes sociales están repletas de personas que claman defender los derechos y las libertades y bajo este precepto embanderan sendas luchas para promover sus ideales -la despenalización del aborto, el matrimonio entre parejas del mismo sexo, el reconocimiento jurídico de las diversidades sexo-genéricas, las causas animalistas y ecologistas son algunos ejemplos-; sin embargo, el fervor que muchas veces entregan a sus causas, parece provocar que olviden que la base de la libertad de expresión consiste en la posibilidad de que todos puedan expresarse en igualdad de condiciones y que estas expresiones puedan ser igualmente discutidas. Entonces, estos supuestos defensores de la libertad se convierten en reaccionarios que degradan, humillan y atacan con fuerza a todos aquellos que piensan diferente.

Esta forma de actuar, que puede evidenciarse con una breve lectura de los comentarios de cualquier noticia “polémica”, publicada en el perfil de redes sociales de algún medio de comunicación, demuestra que nuevamente estamos sucumbiendo ante una forma de tiranía, enfocada en criticar, atacar y exterminar a todos aquellos que piensen o actúen distinto; es decir, mientras de un lado llaman a sus opositores -por ejemplo- inmorales, lujuriosos y obscenos, el otro los tacha de retrógradas, ignorantes y machistas, generando una batalla de egos y aparente superioridad moral caracterizada por las burlas e insultos, cuyas víctimas somos todos los ciudadanos.

Desde el ámbito gubernamental es necesario reconocer que las restricciones a la libertad de expresión deben interpretarse y emplearse con cuidado, pues, aunque puedan juzgarse reprobables ciertos contenidos difundidos bajo el amparo de esta libertad, no deben estar prohibidos ni censurados debido a que esto representa un acto de intervencionismo exagerado que continúa dotando de mayor control al Estado, el mayor violador de este derecho. Es importante recordar que la libertad de expresión es la regla y sus restricciones la excepción, lo contrario implica un acto no solo ilegítimo sino también deleznable pues priva a los individuos de su libertad de elegir. En este sentido, el Estado tiene la obligación de promover la libertad de expresión y con ella fortalecer el debate público, no de imponer un dogma o perpetuar una ortodoxia.

Desde el ámbito particular, asumir que el pluralismo es uno de los reflejos del derecho al libre desarrollo de la personalidad; y, por consiguiente, uno de los valores superiores de cualquier sociedad. Por esta razón, en lugar de atacar devotamente aquello que no comprendemos o no suscribimos, buscando que estas expresiones sean prohibidas, debemos promover el debate razonado y argumentativo, combatiendo esa absurda paranoia colectivista que con respecto al resto de personas reduce las cosas a estar con nosotros o estar en nuestra contra; y, especialmente, recordar que el mundo todavía necesita que prime la tolerancia.

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