Mujeres y naturaleza en la pintura haitiana

Una de las manifestaciones artísticas más significativas en Haití ha sido la pintura. Esta expresión estética se ha concentrado mayormente en retratar la vida cotidiana, el paisaje, el sincretismo religioso y los hechos históricos del país.

En la pintura haitiana pueden encontrarse cuadros de escenas del comienzo de la revolución haitiana de 1804, de divinidades cristianas y vudús, de mujeres vendiendo en los mercados, de calles transitadas de varias comunidades del país, de escenas de la vida citadina o de la vida rural.

Dentro de estas variedades temáticas, las constantes son la saturación de colores brillantes y la acumulación de distintos objetos, características relacionadas directamente con el paisaje y la naturaleza antillana. Por ejemplo, en las pinturas haitianas se evoca la religión vudú y el cristianismo, porque en la cultura haitiana estos cultos se complementan. A este sincretismo, se suman las creencias de los pueblos originarios del Caribe, creencias que casi siempre se encuentran vinculadas con la naturaleza: la diosa del rio, la señora del agua, la india de piel dorada.

La relación naturaleza, arte y sociedad ha sido estudiada a profundidad por Yolanda Wood en el libro Islas del Caribe: naturaleza-arte-sociedad(2012). Su análisis se centra principalmente en la pintura ─la plástica en general─. Para la autora, la naturaleza antillana posee un valor cultural no solamente porque los pueblos originarios le dieron un sentido de respeto, sino porque la economía agrícola del Caribe insular le otorgó a la naturaleza un atributo de eje ordenador del mundo.

Por otro lado, las mujeres han sido unas de las protagonistas de la pintura haitiana: mujeres comerciantes, mujeres divinidades. Recordemos que en la cultura haitiana, la imagen de la mujer posee un valor simbólico importante. En la religión vudú las figuras femeninas como la diosa Erzulie ─diosa de la vida, del amor─ se encuentran en la misma posición que otrosloas(a diferencia de religiones que preponderan la figura masculina). Culturalmente, las mujeres son consideradas el Poteau Mitan─poste central que sostiene el templo vudú por el que descienden los espíritus durante las ceremonias: un puente entre lo terrenal y lo sagrado─. Desde esta percepción la mujer representa el pilar, los cimientos, de la concepción haitiana del mundo. Y esto trasciende en una sociedad conformada mayormente por mujeres y con un gran número de familias monoparentales sostenidas por ellas (en circunstancias de migración, fenómeno pulsante de la sociedad haitiana).

Este valor simbólico de las mujeres establece una diferencia en la tradición de la pintura haitiana frente a otras tradiciones artísticas. Por ejemplo, en el caso de la pintura al óleo europea la figura femenina predomina mayormente en los desnudos. En estas pinturas la mirada de la mujer se dirige a un espectador con el único objetivo de ser vista; aparece por tanto la imagen de una mujer pasiva.

En la pintura haitiana las mujeres parecen estar en constante movimiento. Incluso en pinturas donde hay un desnudo femenino, como en la pintura al óleo titulada Indienne de Jean Claude Legagneur, la mujer no enfoca la mirada directamente hacia un espectador; los colores brillantes de elementos que rodean el desnudo y que evocan a elementos de la naturaleza desvían la mirada del espectador más allá de los senos de la mujer.

La pintura haitiana puede ofrecernos la posibilidad de acercarnos de otra manera al arte en general. La propuesta estética resulta interesante porque rompe con otras tradiciones de pintura al presentarnos distintas formas de representación del mundo y de los símbolos de la cultura haitiana.

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