HAITÍ, NUESTRO VECINO OLVIDADO

La situación actual en la región no es ideal pues a la crisis humanitaria que atraviesa Venezuela se deben sumar los graves conflictos internos en Honduras, Bolivia y Nicaragua. Sin duda son acontecimientos lamentables y preocupantes que no parecen tener una solución en el corto plazo; sin embargo, hay un país sobre el que muy poco se habla; y, que a diferencia de los anteriores, no convoca grandes manifestaciones de apoyo a nivel regional o tampoco copa los medios con noticias sobre su desarrollo. Este país es Haití, el más pobre de nuestro continente.

Desde hace semanas, el país se encuentra paralizado a partir de las violentas protestas en contra del gobierno, mismas que se encuentran lideradas por grupos opositores que demandan la renuncia del primer mandatario, alegando su relación con la malversación de fondos de Petrocaribe, alianza petrolera de cooperación que debería funcionar como un elemento para transformar las sociedades caribeñas incluidas en el mismo y que articularía programas energéticos para atender falencias estatales en varios ámbitos; y, que a pesar de su objetivo, fracasó rotundamente como un ejercicio mal organizado que a través del abuso de poder y corrupción ha servido solamente para enriquecer a unos pocos.

En un país con profundos problemas estructurales a nivel económico y social, las movilizaciones agravaron inconvenientes previos relacionados con el suministro de servicios básicos o el acceso a salud y educación. En atención a esta grave situación, hace pocos días la Secretaría General de las Naciones Unidas recomendó al Consejo de Seguridad del Organismo la creación de una misión en Haití, encaminada a brindar asesoría estratégica para proporcionar buenos oficios y asesorar al gobierno en áreas específicas de reforma política, procesos electorales, justicia, reducción de la violencia y prevalencia de los derechos humanos, entre otros.

A pesar de la buena voluntad de las Naciones Unidas, una misión en el país no es una solución mientras exista una evidente y profunda apatía por parte de la comunidad internacional con Haití; innegable en razón de la rampante indiferencia por parte de los ciudadanos de otros países de la región, que, mientras alzamos la voz para protestar por las violaciones a los derechos humanos cometidos en un territorio, invisibilizamos completamente lo que sucede en otro.

En la búsqueda de la paz, justicia y equidad, es imprescindible asumir nuestro rol activo y entender que aquellas luchas por las que hoy el pueblo haitiano muestra su inconformidad, pronto podrían ser las mismas a las que nosotros nos enfrentemos.

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