LOS AMIGOS DEL DICTADOR

Durante las últimas semanas, la crisis que atraviesa Venezuela ha tomado un nuevo curso, alcanzado un punto álgido en cuanto a la inestabilidad democrática que afecta al país. El 23 de enero del presente año, Juan Guaidó, Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se juramentó como Presidente interino del país, buscando de esta manera dar por terminado el gobierno de Nicolás Maduro, cuya última elección fue rechazada por varios gobiernos y organizaciones internacionales al considerar que las varias irregularidades cometidas en su desarrollo ocasionaron que sus resultados sean ilegítimos, antidemocráticos y carezcan de validez.

El objetivo de Guaidó es la conformación de un gobierno transitorio encaminado a la convocatoria de elecciones libres y con garantías democráticas en la República Bolivariana de Venezuela, sobre lo cual no es necesario alargarse para demostrar que es —al menos de manera provisional— la salida que el país necesita ante los graves problemas que enfrenta, entre los que podemos mencionar: la inflación que alcanza un récord superior al millón por ciento; escasez de alimentos y medicinas; clasificación como el país más peligroso del mundo a consecuencia de un promedio de tres muertes violentas por hora (quince veces mayor al promedio mundial); y, una crisis humanitaria que ha provocado el éxodo de millones de venezolanos fuera de sus fronteras.

El juramento de Guaidó como Presidente interino ha gozado de un amplio respaldo internacional que ha alcanzado hasta ahora una treintena de países, entre ellos: Brasil, Colombia, Canadá, Chile, Estados Unidos, Perú, Panamá, Costa Rica, Reino Unido, Dinamarca, Australia e Israel. También encontramos a varios países que no han reconocido abiertamente a Guaidó, pero que han dado un ultimátum a Maduro para que convoque a elecciones, entre ellos se encuentran: España, Francia, Japón e India. Con una posición cuestionable, se encuentran México o Uruguay que continúan reconociendo a Maduro como Presidente, aunque abogan por un proceso de negociación incluyente y veraz.

En el otro lado, pasando a integrar un capítulo vergonzoso de la crisis venezolana que seguramente será juzgado en los próximos años, los gobiernos de Bolivia, Cuba, Irán, Nicaragua, Rusia, China, Siria y Turquía respaldan al gobierno de Nicolás Maduro.

China, por ejemplo, emitió un comunicado manifestando su apoya al gobierno de Maduro y sus esfuerzos por mantener la soberanía, independencia y estabilidad; Rusia acusó a Estados Unidos de intentar desbancar al gobierno y acentuar la división de la sociedad venezolana; y los gobiernos de Cuba, Bolivia y Nicaragua se mostraron solidarios con Maduro ante los supuestos intentos “imperialistas” para desestabilizar a la Revolución Bolivariana.

Este posicionamiento que ha tenido la comunidad internacional frente a la situación en Venezuela es el reflejo de la situación interna de sus gobiernos. Mientras la gran mayoría de países que apoyan a Guaidó se encuentran en la parte alta de la tabla que elaboran anualmente los institutos Cato, Fraser, entre otros; los países que apoyan a Maduro ocupan posiciones que reflejan graves problemas en cuanto se refiere a libertades personales y económicas para sus ciudadanos.

Los grupos terroristas Hamas y Hezbollah también se han unido a las muestras de apoyo para el dictador. El primero, cuyo extremismo islamista es causante de miles de muertes, gobierna de facto la Franja de Gaza. El segundo, que tiene como finalidad la implantación de una República Islámica en el Líbano, ha sostenido que Maduro es el Presidente legítimo de Venezuela, que la proclamación de Guaidó y que el apoyo de países como Estados Unidos son el reflejo de una medida para desestabilizar el país y  apropiarse de sus recursos.

Lo dicho demuestra que hoy en día un tirano de la talla de Maduro cuenta únicamente con el apoyo de criminales de su calaña, colectivistas que pretenden imponer y esclavizar con un pensamiento único a todos quienes se encuentren alrededor. Son personajes que, bajo discursos populistas, llenos de resentimiento y carentes de valor, acusan a otros de ser los victimarios, cuando por el contrario, los únicos culpables son los maniáticos que han creído encontrar la fórmula para controlar la vida y destinos de sus pares, mientras aprovechan todas las riquezas a su alcance.

Los últimos acontecimientos dejan en evidencia que la situación en Venezuela ha alcanzado un punto irreversible que traerá consigo un nuevo inicio. Debemos estar atentos para juzgar a quienes, a pesar de todas las violaciones que se han venido cometiendo hace años, continúan rindiendo pleitesía a un tirano cuyas medidas han sido directamente causantes de la muerte y sufrimiento de millones de personas y que, más temprano que tarde, deberá ser juzgado como un criminal. La división que hoy en día existe con relación a la crisis presidencial de Venezuela es la división entre autocracia y democracia.

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