El tráfico de niños en Haití

En Haití, la noción de protección infantil es casi inexistente. Según el Comité Nacional contra la Trata de Personas (CNLTP), en este país 300 000 trabajadores domésticos infantiles son víctimas de trata. Miles de niños cruzan las áreas fronterizas entre su país y la República Dominicana sin documentación y vulnerables al tráfico, y a otros tipos de explotación. También sufren el castigo corporal, que se practica ampliamente en Haití. Según Unicef, un 86% de los niños de entre 2 y 14 años creen que son víctimas de violencia física y/o psicológica como castigo.

La Constitución de la República de Haití (1987) establece en su artículo 261 que todo niño tiene derecho al amor, a la comprensión y al cuidado moral y material de su padre y de su madre. La Convención sobre los Derechos del Niño y de la Niña (CDN) de las Naciones Unidas (1989), ratificada por Haití en 1994, en sus artículos 18, 27 y 32, menciona que los Estados prestarán la asistencia adecuada a los padres para su desempeño en la crianza de los niños, que tomarán medidas para ayudar a que los niños tengan un nivel de vida adecuado y protegerlos de la explotación económica. Sin embargo, el país no tiene una política de protección infantil claramente desarrollada. Es difícil encontrar leyes que los protejan.

En Haití, donde un alto porcentaje de la población vive en la pobreza extrema, el niño suele complementar los ingresos de la familia. La mayoría de quienes realizan servicio doméstico suelen residir en zonas rurales, ser huérfanos o pertenecer a familias numerosas. Gran parte son niñas, pero también los hay niños.

Los niños entran en servicio a cualquier edad. Algunos ni siquiera llegan a los seis años cuando son entregados como restavèk. Este término hace referencia a cuando los padres envían a sus hijos a una familia urbana para que tengan una vida mejor y algún día tengan los suficientes recursos para ayudar a toda la familia. Los envían esperando que puedan acceder a la escuela y a algo que comer.

La realidad es que el niño restavek realiza todas las tareas del hogar (limpieza, lavandería, preparación de comidas, cuidado de niños, compras, etcétera) a cambio de alimentos, ropa, atención médica y educación. El niño colocado en el servicio doméstico está al servicio de toda una casa. Estos niños se enfrentan a la peor humillación. La mayoría de las veces no van realmente a la escuela y, en el caso de las niñas, son explotadas sexualmente. Sufren desnutrición, son golpeados e insultados sin razón.

Las cosas deben cambiar. Necesitamos un nuevo futuro para estos niños. El Gobierno debe combatir la esclavitud infantil, con la ayuda de las organizaciones de derechos de los niños que trabajan en Haití. A ellos se les debe garantizar la alimentación y educación. Es importante preocuparnos por el bienestar personal de los niños, que repercutirá en el bien de la sociedad.

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