HAITÍ: UNA NUEVA GENERACIÓN

En los primeros días de marzo de 2018, tuve la oportunidad de viajar a Puerto Príncipe con la finalidad de dictar algunas ponencias en un evento sobre igualdad de género y participación de la mujer haitiana. Al recibir la noticia del viaje me encontraba en Europa por motivos académicos, entonces empecé la búsqueda de información sobre el país caribeño. Esto despertó mis expectativas, pero también mis nervios, pues estaba seguro de que el cambio sería radical.

Al arribar a la capital haitiana mi primer acercamiento fue con una de las participantes del evento y la primera impresión no pudo ser mejor. Sorprendido por su calidez, apertura y buena disposición para hacerme sentir bienvenido, fue una primera experiencia que más adelante solo sería reforzada.

En mi interacción con los participantes del curso descubrí a un grupo de hombres y mujeres empoderados, respetuosos, capaces, deseosos de aprender y sobre todo interesados en trabajar en beneficio de su país, jóvenes que han entendido que hombres y mujeres somos iguales en dignidad y derechos y que la referida igualdad es ante la ley, no mediante ella. Estos jóvenes, conscientes sobre las carencias de la sociedad haitiana, demostraron en cada conversación una profunda empatía con los temas que agobian a sus pares y un compromiso pleno por trabajar para cambiar esta realidad.

Antes de mi llegada a Haití, realicé una investigación a modo de aproximación sobre la realidad del país, un punto en común que todos los medios apuntaban hacía referencia a la pobreza. Durante mi estancia, en los breves recorridos que tuve la oportunidad de realizar, este problema resultó evidente, incluso en mayor escala en comparación con cualquier otro destino que haya visitado antes. Entonces, si bien no podemos negar la dura realidad que el país enfrenta, podemos mantener la esperanza de que las cosas pueden cambiar.

El camino seguramente no será fácil para los futuros líderes de Haití, pero la esperanza que su esfuerzo, valores e interés por la autosuperación promueven, son un aliciente para asegurar que la prosperidad llegará a este bello país. Estos jóvenes han comprendido que el primer paso está en la autonomía: la capacidad de tomar sus propias decisiones, enfrentar las necesidades y forjar un futuro sin la dependencia absoluta del paternalismo estatal; además, porque han roto los esquemas del tradicionalismo y los prejuicios para abrirse al mundo con tolerancia y sin miedo.

 

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